Product Placement. Tupac Cruz

— ¿Cómo vamos con las transformaciones?

— ¿Las transformaqué?

— A ver, cuando una cosa tiene una forma y luego tiene otra, el paso que va de una forma a la otra se llama la transformación. ¿Su trabajo acá no era estar pendiente de las transformaciones?

— No, yo no trabajo acá, yo vine fue a acompañar a mi prima.

— Volví, prima; hola Aberrael.

— Hola Estela. ¿Cómo vamos con las transformaciones?

— Las transformaciones ya entraron en la fase recursiva.

— Ay prima, ¿re… cur… siva?

— Sí prima. Le cuento: una función recursiva es una función aplicada a un resultado previo de la misma función.

— Ya. O sea que una transformación recursiva es una transformación de una cosa que es el resultado de otra transformación del mismo tipo.

— No pues… acá con las transformaciones no funciona igual porque en realidad no tienen resultados: acá en esta planta siempre interrumpimos la transformación antes de que se termine el paso que lleva de una cosa a la otra.

— Ay qué lindo eso prima. Divino.

— Más o menos. Entonces acá en la fase recursiva tenemos es transformación de la transformación, y no del resultado. Si tenemos por ejemplo una transformación de sensación de ganas de irse en sensación de ganas de quedarse, se transforma en una transformación de molécula de silicio en molécula de mercurio.

— Severo. ¿Y entonces su trabajo en qué consiste prima?

— El trabajo de su prima consiste en rastrear las transformaciones e interrumpirlas apenas comienza a asomarse el resultado. Si ella no las interrumpe antes de que resulten, no se activa la recursividad, pero si las interrumpe demasiado rápido se nos presenta un índice de recursividad reducido.

— ¿Y eso no lo pueden hacer con un computador?

— Todavía no se puede, hay que tener una intuición demónica para dejar que la transformación se abra paso e interrumpirla en el momento que es. Eso siempre ha sido un talento especial de nosotras las entidades demónicas: dejar pasar, ir dejando… dejando… y luego ¡tenga!: interrumpir. Acá tenemos un computador pero lo usamos es para producir deformaciones a partir de transformaciones.

— Qué pena pero es que yo nací perdida. Para mí una deformación pasa cuando una cosa pierde un poquito la forma que debería tener. Pero acá ustedes están separando las transformaciones de las cosas, ¿no? Acá tienen es como una extractora de transformaciones, y mientras más transformaciones extraen menos cosas van quedando, porque las cosas son todas resultados de transformaciones, ¿sí o sí? Entonces ¿para qué les sirve producir deformaciones, que mal que bien son cosas?

— Prima, ahí la palabra clave es “producir”. Usted sabe que todas las entidades demónicas estamos ahora confundidas: nosotras durante milenios pensábamos que nuestro trabajo era monitorear las transformaciones y encaminarlas para que resultaran en productos. Pensábamos que interrumpir una transformación era lo mismo que producir un producto. Pero ahora estamos captando que el verdadero producto es la transformación misma, y que por eso las cosas, o sea los productos, ya no están circulando. Entonces estamos produciendo deformaciones para promover la transformación de los productos en transformaciones sin interrumpir la circulación de los productos.

— Ay sí prima, yo lo he visto con mis propios ojos, que son dos: voy por un corredor largo que me lleva hasta donde está el producto que estoy buscando, y me siento tranquila y despierta mientras voy avanzando por el corredor y siguiendo todas las señales que me van dando las pistas para llegar al mostrador, pero cuando ya voy llegando al producto mismo me empieza a dar un desgano, se me quieren cerrar los ojos…

— Exacto prima, los seres humanos ya se dieron cuenta también y por eso están construyendo unos corredores larguísimos, como los que hay en los aeropuertos antes de llegar a inmigración, y ponen los mostradores a lo largo del corredor y no al final…

— A propósito les cuento primas que yo, Aberrael, fui parte del equipo de entidades demónicas que se inventó los corredores hace varios milenios. En esa época estaba de moda arrastrarse, y nuestro trabajo se llamaba “seguir el rastro”. Todavía no había lenguaje, claro, pero así decimos ahora que se llamaba. De hecho las primeras palabras eran filas de minerales separados por químicos que íbamos dejando a los bordes de los rastros; cuando empezamos a conectar rastros se formaron las primeras frases…

— Yo estaba chiquita pero me acuerdo: las palabras las formábamos nosotras, pero las frases se formaban solas…

— Todo eso se está poniendo de moda otra vez. En vez de entrar a las salas de espera y aprovechar para ver televisión gratis los seres vivos tratan de quedarse en el corredor y de sacarle más corredores a los corredores…

— … yo una vez le saqué una esquina a un corredor, ¿eso corresponde?…

— Venga, Aberrael, antes de que se me olvide, divino su vestido…

— Gracias, está hecho de una tela que es síntesis de musgo clonado y microfibra de poliéster… No es como para venir a trabajar pero hoy estoy celebrando la…

— De verdad: divino, divino. A ver le cuento, Aberrael, aquí mi prima está buscando trabajo, ¿acá en la planta no será que…?

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Tupac Cruz, de la Aurora Rampante

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